domingo, 2 de febrero de 2014

1989-2014: La historia se repite en Argentina

Si algo caracteriza a la Argentina es su propensión, casi matemática, a reiterar errores. Es como que jamás aprende de la experiencia previa: siempre empieza de nuevo y, generalmente, repite la mala senda, el camino equivocado, hasta adornándolo con tintes de modernidad cuando en realidad se trata de la vez número cien en que se intentan políticas estatistas y dirigistas que, por su intrínseca naturaleza, están destinadas al más estrepitoso de los fracasos. Y hasta podemos agregar algo más de la extraña naturaleza argentina: cuando alguna vez se ensayaron políticas que medianamente encarrilaron la situación, más temprano que tarde han sido repudiadas por el grueso de la población, renegando de sus éxitos más palpables, y nuevamente la ruta populista se hizo presente. Así van ya más de 80 largos años.

Pues bien, ya se dio inicio al mes de febrero y, casualmente, se acerca una fecha conmemorativa para el argentino con memoria. Este jueves 6 de febrero se van a cumplir 25 años (1989 – 2014) del día en que el gobierno de Raúl Alfonsín decidió devaluar el Austral, moneda vigente en aquel entonces y creada por su mismo gobierno, luego de haber destruido el signo peso en 1985. Así dio comienzo a una agudización y degradación mayor de la moneda, que obviamente ya había comenzado anteriormente, al imprimir de manera voraz más y más billetes sin ningún tipo de respaldo.

Raúl Alfonsín y Juan Vital Sourrouille
Ese 6 de febrero de 1989 Juan Vital Sourrouille, ministro de economía, y José Luis Machinea, presidente del Banco Central (BC), devaluaron fuertemente, reconociendo en la práctica el fracaso de su política económica con altos déficits presupuestarios financiados con inflación. Se totalizó una baja en el valor de la moneda en ese año de un 3.100%. “Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo” dijo el ministro que sucedió a Sourrouille, Juan Carlos Pugliese, tratando de culpar al mercado de la inseguridad que ellos mismos habían fecundado.

La pregunta es, ¿cómo se encuentra hoy en día el Banco Central argentino dada la situación actual del país? Si hace un cuarto de siglo no pudo contener la corrida contra la moneda nacional, ¿podrá ahora? Tan solo en el pasado mes de enero, el BC perdió 2.500 millones de dólares de sus reservas, en un nivel siempre menguante desde hace meses, hoy en magros 28.100 millones. Reservas que, dicho sea de paso, en un país serio solamente deberían cumplir la función de respaldo de la moneda nacional circulante. Un simple cálculo nos indica que, de mantenerse el promedio diario de pérdida de reservas, el total del stock del BC alcanzaría para escasos 10 meses de actividad, aproximadamente (y siendo optimistas).

Como se ve, el panorama no es para nada esperanzador, dado que es el mismísimo BC el encargado, en el sistema actual de control de cambios, de proveer al mercado de los dólares para el comercio exterior, turismo, y demás transacciones. En otras palabras, esto quiere decir que se encuentra apretado, maniatado y sin una buena vía de escape.

Los dos principales factores que influyen en el nivel de reservas, importadores y exportadores juegan, en el contexto actual de total indecisión, desorganización y caos en que transita hoy la Argentina, potenciando la disminución de tales reservas. Por el lado de los importadores, el punto es que estos, que reciben los dólares del BC, con la presente situación económica de caos y de devaluación creciente, están tratando de importar lo más que puedan al valor de hoy, porque será seguramente  más barato que mañana. Mientras que, en lo que respecta a los exportadores, el BC actúa también como intermediario, comprándole a ellos las divisas y entregando pesos de cada vez menor valor. Nuevamente, con la incertidumbre existente en los mercados y en la población en general, los productores de elementos exportables tienden a postergar las ventas de sus mercancías para efectivizarlas “el día de mañana”, con un tipo de cambio más alto. En otras palabras, ¿para qué vender algo hoy a 8, cuando mañana lo puedo llegar a vender a 12? Resumiendo ambos flancos, es aquí donde el BC se encuentra entre 2 fuegos, ¡¡y muy cerca de llegar a una explosión!!. El BC actúa como intermediario, pierde cantidades enormes de dólares cada día.

Veinticinco años más tarde, pleno 2014 y un parecido, por no decir “el mismo” panorama económico en Argentina: fuga de divisas, fuerte déficit fiscal, inflación galopante, inseguridad jurídica, gobierno inoperante o, peor aún, totalmente errado en sus diagnósticos y en su accionar, ¿Casualidad acaso? ¿Providencia? Para nada, esto no es más que un nuevo capítulo en la receta de expansión monetaria, gasto fiscal exponencial, impuestos altos, estatismo desenfrenado, subsidios improductivos sin sentido, trabas de todo tipo al clima de negocios y seguridad jurídica aniquilada, que se repite 25 años más tarde por parte del actual gobierno por no haber aprendido la receta y, los ciudadanos, haber vuelto a elegir representantes que comulgan con las mismas ideas, en sus variantes más o menos “prolijas”, pero siempre funestas para el país. El problema nacional se potencia cuando se suma una oposición claramente nula, donde los que se declaran como tales tan solo prescriben recetas vegetarianas para el actual modelo y no verdaderas soluciones de mercado que tanto hacen falta. Como por ejemplo para solucionar el gran problema del gobierno que son la falta de los malévolos dólares, tan solo para mencionar uno: la privatización o liberación del mercado cambiario. El que tiene dólares los vende en el mercado al que los necesita, así de simple. Lo que se logra con esta simple reforma es la puja liberal entre los ofertantes y los demandantes, llegando a un precio de consenso pactado entre las dos partes. ¿Cuál será ese precio? Nunca se va a saber hasta que no se deje actuar libremente a las dos partes, aunque muchos vaticinan que no será menor a los 25 o 30 pesos, una devaluación del 250% respecto del valor actual. Un valor alto, sin duda, pero que no sería más que el reflejo del temor total que hoy impera en el país.
Capitanich - Kirchner - Kicillof 

En fin, tal vez estemos muy cerca de una situación como aquel fatídico lunes 6 de febrero de 1989 en dónde el BC terminó retirándose del mercado y dejando fluctuar el dólar de manera parcialmente libre. Las consecuencias políticas, que fueron enormes, las dejamos para otra nota.

martes, 24 de diciembre de 2013

Mi entrevista con Frédéric Bastiat

Ayer soñé con Frédéric Bastiat, un excelente ensayista y miembro del parlamento francés, hace 2 siglos atrás. A continuación destaco la conversación que tuvimos como una especie de entrevista mano a mano.

-Señor Bastiat, primero y antes que nada, es un honor poder estar conversando con usted y poder hacerle un par de preguntas…En los últimos años el gobierno argentino ha ido incrementando notoriamente la cantidad de feriados obligatorios, ¿cuál es su opinión al respecto?
-Me parece que se está cayendo en un claro ejemplo de la falacia que publiqué hace un tiempo con el título de “Lo que se ve y lo que no se ve”. Se lo explico: el gobierno dicta feriados obligatorios para que la gente descanse y se vaya de vacaciones. Pues esto es lo que se ve. Mientras que solo se favorece a unos pocos sectores, como el turismo en detrimento de tantos otros (fabricas u oficinas, por ejemplo) o mientras que un empleado acepta el feriado, es el empleador que queda obligado a pagar al empleado su salario, así que pierde dinero al no tener ganancias. Esto es lo que no se ve. Le resumo, ¿porqué un  gobierno debe favorecer la industria turística? Nunca se ha expuesto la razón. Desde ya le aclaro que si dicen que es “movilizadora de recursos”, vuelvo a lo anterior: se ve la gente ocupando hoteles, pero no se ve la gente que deja de comprar en una ferretería, ¿explico el sin sentido?

-Siguiendo con el tema, en esta época de fiestas de fin de año, el gobierno ha dado asuetos y feriados obligatorios a sus empleados para que puedan disfrutar de más tiempo libre y disponer de unas mini vacaciones con sueldo incluido, supongo entonces que no está muy a favor de esto…
-Por supuesto que no. Lo único que se puede destacar en este ejemplo es lo prescindible que son los “bienes” que produce el estado y, por ende, los propios empleados del gobierno.


-¿¿Cómo es eso??
-Claro, fíjese. Lo empleados estatales son los que menos trabajan con respecto a los empleados en el sector privado. La mayoría son, en realidad, desocupados con sueldo. Con mi anterior respuesta me refiero a que Argentina en realidad sobrevive a pesar de los empleados estatales. La ganancia bruta de los empleados estatales es claramente negativa 

-Entonces, ¿usted me dice que el trabajador estatal no es un eslabón clave en el mercado, y que no se le debe dar este tipo de feriados porque si no se crea un mercado ficticio?
-No, para nada. Es más, los empleados estatales son tan innecesarios que, a pesar, de que se tomen este tipo de feriados, el país va a seguir en pie. Fíjese: son casi 2 semanas enteras sin “producción estatal”….y la realidad es que no se nota. Es más, me animaría a decir que hasta es bueno: los genios que manejan su país descansan y brindan, por lo que no sacan ninguna resolución, decreto o ley negativo para el país, como hacen casi todos los días hábiles.

-Una última consulta relacionado con el tema de las fiestas. Siempre para esta época se acusa a la navidad de ser una festividad del llamado “capitalismo salvaje” que lo único que quiere es que “consumamos productos, compremos regalos”, etc. ¿Qué respuesta puede dar a estas declaraciones?
-La sociedad libre se organiza por si sola eficientemente. Nadie está obligado, con un revolver en la cabeza, a celebrar tal o cual festividad. Por ejemplo, se reparten regalos los unos a los otros. Es una época donde predomina la generosidad y la caridad. Todo gracias al orden espontáneo. Como le decía, no hay ningún tipo de obligación por parte gubernamental para obligarnos a celebrar nada. Aquí es donde se puede apreciar 100% la acción humana en trabajo. Y, más bien, sobran ejemplos de prohibiciones de celebrar la navidad u otras festividades por regímenes que esclavizaron (y esclavizan) a sus pueblos.
-Gracias y buena suerte.
-Lo mismo digo.

Un caso reiterado: la fuerte inflación en Argentina

En un planeta en donde el 95% de los países tiene una inflación menor al 10% anual, y la mayoría inferior al 5%, la República Argentina integra el selecto y lamentable grupo con más de 10%, junto con Venezuela, Siria y otros pocos países.

Ahora bien, en el caso argentino es más trágico, ya que este país convive desde hace medio siglo con este flagelo (con excepción de un par de períodos, entre ellos la década de los 90, en dónde se ató la moneda nacional al dólar). Es el típico ejemplo de quien tropieza una y otra vez con la misma piedra.

Según el economista Philip Cagan un episodio de hiperinflación se inicia cuando hay un mes en el que el nivel de precios aumenta en al menos un 50%. Volviendo al análisis del caso de la Argentina, veamos que sucedió en 1.989.

El mes en el que comienza la hiperinflación es en mayo y termina en junio de ese mismo año. Tan solo tres meses bastaron para que este fenómeno pulverizara completamente a la moneda local, el Austral, que la economía del país cayera en bancarrota y que el presidente en ejercicio Raúl Alfonsín renunciara al cargo y que se adelantara la asunción del nuevo presidente electo, Carlos Menem.

En otras palabras, la convulsión social fue más que significativa. Esto no quiere decir que los meses previos no se hubieran producido grandes niveles de inflación, de hecho la inflación de marzo y abril fue de 17% y 33% respectivamente. Pero como ya dijimos, si seguimos la definición de Cagan, la punta del iceberg fue en mayo con una inflación del 78% tan solo en ese mes.

Hoy en día, ciertamente, la Argentina todavía no se encuentra dentro de esta definición de hiperinflación, pero esto no quiere decir que sea le sea imposible llegar de nuevo a ese extremo. Es más, se podría decir que va en ese camino, ya que su Banco Central continúa con una política de imprimir dinero sin límites aparentes para financiar al estado nacional.

Entonces, ¿qué es lo que sucede en la Argentina de este 2013, y con un ya cercano 2014? Tal y como lo analiza el profesor Steve Hanke en un estudio del Instituto Cato, la Argentina se encuentra, junto a otros 4 países, en la categoría de “monedas en riesgo”. Con una inflación estimada en el 60% anual, una gran brecha entre el dólar oficial y el que se vende en el mercado negro. Lo más grave del tema es que el gobierno argentino no se anoticia de la situación y la niega, tomando continuamente medidas que profundizan y aceleran la inflación.

Y, paralelamente y como suele suceder en los regímenes de corte totalitario, prohíbe a las consultoras privadas difundir los índices que miden este fenómeno (mientras desde 2007 falsea grotescamente las estadísticas nacionales para esconder la inflación y la pobreza debajo de la alfombra) o, más recientemente, parece encaminado a restringir también la difusión del precio libre (o paralelo) del dólar, en un nuevo y caricaturesco intento de tapar el sol con la mano.

Muy triste para un país que, a principios del siglo XX, parecía destinado a ser una potencia mundial, tenía un nivel de vida ampliamente superior al de Italia o España, competía con EEUU en atraer inmigrantes y su economía era la mitad de toda América del Sur. Nada queda de ese promisorio futuro.



La nota fue reproducida en los siguientes medios: